Altruismos exacerbados
de mecanismos de poder polarizados
motivados, potenciados y presionados
por sistemas perversos.
Soberbia, codicia y altanería
manejan los hilos del Gran Titiritero
que seduce a las hormigas
para que se vuelvan divinas.
Mientras que en el silencio
de una caja maltrecha y sin cielo
se apretujan creaturas heridas
por un incógnito destino.
Gorgoteos arrogantes
se deslizan hábilmente en inhóspitos debates
de parte de seres instruidospor culturas occidentales
que adoran ciegamente al Rey Mammon.
Sinópticos secuaces, cuervos hambrientos,
que a costa de la miseria ajena
aumentan exponencialmente el bulto de sus bolsillos.
Oh, pequeña metrópolis que gime
bajo un yugo siniestro y conduce
a sus corderos directo al matadero.
Oh, gran castigo, mordaz, infinito, temible,
atroz, justo, admirable y enfurecido el que les
espera a estos pseudos capitanes de ultramar
que se entretienen con borracheras y lujos
mientras el barco que timonean se dirige a
la deriva.
Oh, pobres de ellos, orquestas ficticias que entonan
melodías dulces hacia sus colegas y desafinadas a sus sirvientes.
Los que arman elocuentes banquetes dentro de sus
grandes Babeles, marginando a los Lázaros que están
fuera esperando ser rescatados de la muerte gradual y vespertina
que se inicia en su barriga.
Pero no os preocupéis ustedes, mis pequeños hermanos,
los ignorados, rechazados y marginados. Tenidos por nada
por quienes no son nada.
Porque quienes gimen sobre el suelo desnudo por no haber
encontrado otro asilo se asemeja a un niño que nació humildemente,
rodeado por el frío de una gruta tosca pero acalorado por los
brazos de sus padres y la cercanía de unos animales.
Que vivió en la miseria y murió con los brazos extendidos para
recibirlos a ustedes, mis pequeños hermanos,
en los castillos imperiales de la Gloria del Reino prometido.

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